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Ante todo, dar la bienvenida a todos los lectores del nuevo apartado “CULTURA ORIENTAL” de nuestra web. Aproximadamente, cada dos meses tendréis un nuevo artículo que os hablará sobre costumbres, tradiciones, la vida que se lleva, etc. en oriente (Japón, China, India, Himalaya, Korea, Malasia, Indonesia…).

Para empezar, hemos querido abrir el espacio con un artículo de raíces japonesas. Antes de nada vamos a realizar una pequeña situación geográfica de Japón para nuestros lectores: Japón es un país insular del este de Asia. Está conformado por cuatro islas principales de norte a sur: Hokkaido, Honshu, Shikoku y Kyushu y muchas otras islas más pequeñas, extendiéndose en su totalidad unos 2400 km. Limita al oeste (de norte a sur) con Rusia y Korea separados por el Mar de Japón; y al este con el Pacífico Norte.

  • Capital: Tokio (12.000.000 hab.)
  • Población: 130.000.000 hab
  • Superficie: 377.837 km²
  • Densidad: 344 hab/km²
  • Religión: Sintoísmo, Budismo
  • Índice de alfabetización: 100%
  • Gobierno: Monarquía constitucional
  • Punto más alto: M. Fuji, 3776 m.
  • Recursos: Agricultura, pesca, energía hidroeléctrica
  • Ciudades importantes: Yokohama, Osaka, Nagoya, Kyoto
  • Más adelante seguiremos hablando de este fabuloso país.

Dicho no más, comenzamos con nuestro artículo:

LOS SECRETOS DEL SAMURAI DETRÁS DE LA ESPADA

Cada año los habitantes de Fukushima (Japón), visten sus armaduras, responden al sonido de las caracolas y se reúnen para un festival samurai. Los samuráis son el elemento de la leyenda, firmemente leales a su señor, luchaban con una audaz destreza y una brutal dedicación y no tenían miedo a la muerte. Las viejas observanzas, el ritual religioso, beber saque y una ceremonia militar reforzaban la lealtad y unían a los samuráis la vísperas de la guerra. Durante siglos, Japón sufrió el tormento de una guerra civil ya que cada señor intrigaba por el poder y la tierra; y los samuráis, una clase arbitraria de guerreros, luchaban en encarnizadas batallas. Miles de samuráis se enfrentaban en sangrientos encuentros. Actualmente, el ganador cabalga con una bandera en lugar de la cabeza del general enemigo, y los heridos son transportados en una ambulancia.

En el siglo XXI, el pueblo rural de Fukushima, rememora miles de años de historia y celebran lo que creen ser los auténticos valores samurai: intrepidez y habilidad en la batalla. Pero en el sofisticado mundo de Tokio… ¿existe algún interés por los samuráis?

Para algunos jóvenes de hoy e día, interpretan sus términos samuráis en la manera en que frente a una situación de elección, sentir con fuerza aquello que deseas o que quieres he ir a por ello sin miedo, sin temor.

En una época de abundancia, el valor es relativo. El acercamiento de estos jóvenes a los valores samurai es uno de los muchos del Japón moderno, pero resulta muy ligero en comparación de la brutalidad de los samuráis de la antigüedad.

En el siglo XIV, los campo del Japón eran auténticas carnicerías sin límites. Para el samuráis la derrota era inaceptable, no existían unas artes marciales delicadamente pulidas, y en el campo de batalla había que aprovechar cualquier oportunidad. Las formas no importaban en la guerra, se trataba simplemente de sobrevivir. No hacían prisioneros, al menos no completamente, pero las cabezas eran significativas e incluso mostraban como las actividades más espeluznantes iban a ser reguladas. Había que hacer normas.

Estas cabezas eran la prueba tangible de su acción militar (cualquier cabeza valía, de un murto o de un vivo) pero con el tiempo, la cabeza cortada tenía valor si pertenecía a aquella persona con la realmente habías luchado y seguidamente decapitado; por lo que más tarde, en el siglo XVI, se crearon manuales que decían cómo examinar una cabeza y cómo saber si había sido cortada mientras la persona seguía viva o era cadáver.

Contra un ataque sorpresa, el samurai de siglos posteriores, usaría su espada como defensa. Sólo los samuráis podían llevar 2 espadas, una larga y otra corta. Eran valiosas posesiones, la espada no era un arma, era un símbolo de clase. La gente ponían nombre a sus espadas y eran valiosos objetos, por eso existe este misticismo de la espada que se convirtió en el siglo 17 en una marca o un estatus. De modo que siempre tuvo un gran significado cultural.

El Japón moderno sigue alimentando esa fascinación; la espada es un icono único que se sigue transmitiendo a través de las épocas. Actualmente, las espadas es más una pieza de arte que un arma, pero originalmente la belleza de las espadas residía en su función como arma. Ahora es un reconocido arte japonés. El resultado es una hoja lo bastante dura como para hacer un corte en un casco de acero y lo bastante afilada como para cortar la seda.

Para los samuráis, la espada era su alma. La habilidad con la espada significa la diferencia entre la vida y la muerte. Y un samurai destacó con diferencia sobre los demás. Fue denominado Kensei, “el santo de la espada”, y se convertiría en el samurai más grande de todos los tiempos. Se llamaba Musashi Miyamoto. Nació en 1584, se alzó como el samurai mas famoso de la época, pero en sus comienzos fue un asesino violento y brutal.

Musashi fue adoptado por una familia que practicaba las artes marciales japonesas como negocio familiar. Su padrastro era muy estricto con él y le lanzaba cuchillos como castigo. Mató su primer hombre a los 13 años, luchó en grandes batallas y nunca perdió ni un solo combate. Como era zurdo, desarrolló una técnica desconocida con las dos espadas que nunca fue igualada. Pero es conocido por su astucia, su estrategia y por su psicología del dominio de la batalla. Cuenta la leyenda que era tan bueno con la espada que una vez luchó contra su archienemigo Koujiro con un remo de madera, sabía que Kojiro usaba una espada extralarga de modo que prescindió de su propia espada y luchó con un largo remo. Fue capaz de evitar la espada de koujiro y asestarle un golpe mortal.

Pero el siglo XVII, llevó al antiguo mudo samurai hacia su final; un señor de la guerra, Yejatsu Tokugawa, obtuvo el control militar e impuso la paz en todo el territorio. Los samuráis se convirtieron en una clase sin tierra, las normas de compromiso cambiaron y los samuráis tuvieron que reinventarse de nuevo. Los feroces guerreros fueron obligados a cambiar su juego, la violencia fue canalizada hacia el zen y la poesía, y las artes marciales fueron reguladas y transformadas en deporte. Los valores del campo de batalla encontraron nuevas salidas en tiempos de paz.

En tiempos de paz el papel del samurai se había cristalizado en el arte del bushido, una categoría fundamentada en un código ético, el estilo samurai puro. El bushido se asienta en varios principios, incluido en una lealtad extrema, un acercamiento espiritual a la muerte y un austero código ético. Pero los feudos continuaban entre la nobleza y los enfrentamientos violentos era común. Nada ilustra mejor el código de lealtad y muerte que el bushido que la auténtica historia de los 47 ronin.

En 1701, el señor Asano fue ridiculizado por su enemigo hasta que acabó bladiendo su espada en su domicilio imperial. Un crimen castigado con la ejecución. Realizó un suicidio ritual, o “sepuku”. El sepuku era un modo honroso de morir, un favor concedido por el régimen a un criminal. Una horrenda ceremonia en la que un hombre se abre su propio vientre, un segundo hombre permanecía en pie con una espada en alto, la longitud del corte determinaba la extensión de su valor, cuando no podía aguantar mas dolor, indicaba al segundo hombre que le cortase la cabeza. Dar permiso para que se realizase el sepuku, significaba dar lugar a tener una muerte limpia y con honor.

El acto del sepuku del señor Asano, dejó a sus leales samuráis a la deriva sin maestro; 47 de ellos vengaron su muerte matando al hombre responsable. El subsiguiente juicio hizo temblar a Japón. Fue un hecho muy hablado entre los japoneses. Tanto, que era debatido el tema sobre qué debían hacer con los 47, si ejecutarlos como criminales comunes o permitirles salvar su honor realizando el acto del sepuku. En un sentido fue un acto para ser condenado porque tenemos un feudo, formaban parte de un feudo y mataron a un hombre, pero al mismo tiempo actúan como si fueran el parangón de la lealtad porque actúan para intentar explicar el deshonor en el que había caído su señor. Por ello, por ser ese parangón, muchos lo ensalzaban, lo que hacia aumentar la duda sobre la decisión de qué hacer con ellos. Al final les permitieron que realizaran el sepuku, lo que significaba que no serian ejecutados. Realizaron el sepuku en masa y se les enterraron en el templo Sendakuji (Tokio). Siguen siendo valorados por su lealtad y extremado valor.

En ese nuevo orden la paz, Musashi, “el santo de la espada”, también se transformó. En este tiempo de paz no tuvo amo y se dedicó a la meditación, un espíritu libre y errante, un ronin. Y los ronin eran una casta diferente.

A la búsqueda de una auténtico significado, Musashi, pasó la mayor parte de sus últimos año a la contemplación en un recinto budista religioso en la montaña que tenía cientos de años.

A pesar de generaciones de poetas y místicos, Japón sigue siendo firmemente feudal y el viejo Japón del espíritu de los samuráis y del bushido estalló en mitad del siglo 19 y de nuevo todo cambió.

La expansión del comercio había traído los poderes coloniales occidentales y el temor a una dominación extrajera de modo que los gobernadores de Japón decidieron que la nación debía modernizarse rápidamente. El viejo feudalismo desapareció, las distinciones sociales fueron abolidas y el esplendor de los samuráis repentinamente perteneció a otro siglo.

Todo esto ocurrió muy rápidamente y lo que resulta interesante es que surgió un debate sobre lo que constituyen los aspectos esenciales de la cultura y civilización japonesa y en este debate, en un principio, se pensó que las espadas samurai y los samuráis eran extraños.

El nuevo Japón moderno del siglo 19 simplemente no estaba interesado en las viejas hazañas de los antiguos samuráis, y la leyenda de Musashi podía haber terminado aquí (si no hubiese sido por Eliji Yoshikawa).

En 1935, Yoshikawa publicó una novela en entregas de la vida de Musashi; desmoralizado por la depresión económica, por el deterioro de la relaciones internacionales, Japón vivía en la confusión. La representación de Musashi como un invencible guerrero conquistador repentinamente capto la atención del público japonés. Justo en tiempos de guerra.

En 1937, Japón atacó China y se embarcó en la conquista de Asia, el poder militar se apropió del bushido, los viejos valores de absoluta lealtad y desprecio a la muerte fueron resucitados. Surgió una nueva concepción que no era realmente el bushido. Una emulación del espíritu del guerrero y la espada, cosas esenciales de la vida japonesa.

Cultivando esa emulación, la industria japonesa del cine se convirtió en una máquina propagandística produciendo películas de samuráis antes de la guerra e incluso durante la guerra; sin embargo, la administración seleccionó la antigua conducta samurai, manteniendo la hombría y rechazando convenientemente cualquier otra cosa.

La máquina propagandística de 1940 también omitió el papel de la mujer en la guerra. Nada parecido al hecho de la antigüedad, donde toda la progenie de la casa de un guerrero (mujer u hombre) podía convertirse en tal sin distinción alguna.

Existe una famosa historia sobre Tomoe Gotsen, un legendario soldado femenino, conocida como un jinete brillante y una arquera genial. Participó en batallas, aunque era una mujer. No era raro que las mujeres se armaran y lucharan en la guerra.

Aquí no hay mujeres, en la 2º guerra mundial; las mujeres fueron relegadas a sus hogares, incluso el mito de Musashi fue ocultado en su envoltura. En 1942, muchos japoneses esperaban demostrar la lealtad y el sacrificio de los antiguos samuráis. Eran los pilotos camicace (viento divino) de la marina. Cuatro años después, la situación era desesperada y los militares retrocedieron a los antiguos pilares del bushido: la muerte honorable. Se ordenaban a los pilotos que se arrojaran con sus aviones cargados de bombas contra los buques de guerra aliados y todos los antiguos ritos fueron recuperados en el momento crucial de la guerra. Beber sake y una ceremonia religiosa antes de despegar a una muerte segura.

Después de la 2º guerra mundial, las corporaciones japonesas se convirtieron en el stablismen y también retomaron el espíritu samurai, pidieron lealtad absoluta a sus empleados, y la tuvieron. Como los samuráis de la antigüedad, los empleados lo dedicaban todo al trabajo. Trescientos años de educación han hecho de Japón un pueblo que no se revela contra sus superiores, una clase de estructura mental que apenas cambió a pesar de los estragos de la 2º guerra mundial.

Actualmente, ¿cuál es la moderna encarnación del espíritu samurai entre los niños del Japón corporativo? Podemos pasar la vista por las librerías en donde la vida de Musáis está teniendo un gran regreso convertido en un héroe de cómic con el aspecto de una estrella de cine y algunos elementos más. Una puerta que abre camino al nuevo samurai. Un gran héroe, un ronin, que no tienen maestro ni lugar fijo donde acomodarse, que busca al mal y endereza los errores del mundo.

En el siglo 21, el bushido está de moda, la ideología samurai es ahora un flujo de electrones, guerreros virtuales, incluyendo a las súper mujeres samuráis sujetas a la moda; donde a través de un videojuego se intenta mostrar la imagen samurai que hay dentro de todo japonés y experimentar su “propia” vida.

Extraño o no, el bushido se encuentra en el siglo 21, en Kumamoto. Uno de los sitios que se suponía ser el lugar de nacimiento de Musashi. Y en Kumamoto, la práctica del kendo y los viejos valores de la disciplina mental y espiritual se toman en serio. El espíritu samurai y del bushido es algo que ha sido transmitido por antepasados y considerado muy importante. De modo que la clave del bushido es la próxima generación; algo divertido para los niños y seguirán el método samurai correcto.

Aunque el espíritu samurai ha sido recogido para su uso y acuso, aun quedan lugares en Japón donde el espíritu no solo vive sino que es mostrado con todo su color y esplendor. Ser un samurai significa volver hacia atrás en el tiempo, a la época de las batallas y el honor. Actualmente, en el Japón rural, se puede ser un auténtico samurai aunque sea sólo por tres días. Esto surge en los festivales como los de Fukushima, en donde la victoria, a pesar de la ficción, resulta emocionante y gratificante para los jóvenes. Llevar esas armaduras de samurai, montar a caballo… hacen sentirles auténticos samuráis; encuentran la valentía y la sensación de encontrar su propia forma de vida.

Valentía, encontrar el camino, determinación, tradición, lealtad… verdaderamente el espíritu samurai es una quimera que se desdobla con cada época; hoy día, en el cambiante siglo 21 de estrés y ansiedad, el arte de interpretación del espíritu samurai estará ahí para sostener el alma de Japón.

Si el código samurai existe, existe en todas partes, en una forma positiva y en una forma negativa, “¿qué forma vas a utilizar tú?” Depende el individuo, pero definitivamente existirá. Esto es el Japón. (Esta es la interpretación de un joven japonés del Japón moderno de hoy)

David Padial Zamorano