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Hola a todos los lectores y gracias por seguir ahí. Como os dije, en febrero se reanudaría la actividad de la sección que por una serie de circunstancias encadenadas quedó “dormida”.

Con la cosa de la crisis económica y el paro general en todos los sectores de producción pensé en reanudar la sección con un poco de lo mismo pero, ya sabeis, desde el punto de vista en Japón. Este verano pasé, junto con otros compañeros y mi maestro, un tiempecito largo en las islas del sol naciente y… siempre que me preguntan pues no tenía palabras para describir la sensación tan tan buena y genial del viaje. Y bueno, aprovechando allí mi estancia, pues más cosas sobre aquella cultura os puedo acercar, claro que mi información está basada en mis vivencias “in situ”. Sin más, comienzo con el artículo de este mes.

Nunca antes os preguntasteis por qué la forma que tienen los trabajadores japoneses de ponerse en huelga es aumentando el ritmo de producción y no parándola como normalmente en occidente se hace. O por qué apenas la pobreza se manifiesta en las calles de las ciudades. Por qué un japonés se dedica tanto al trabajo que prácticamente es su vida. Estas preguntas y algunas más tienen la respuesta en el dinero, en el ingreso económico y mantenimiento familiar.

Con esto no me refiero a que los japoneses sean avariciosos a más no poder, sino que su vida depende de su trabajo. Y diréis, “pues como en todos lados; quien no tiene trabajo, no come, no se viste…” sí eso es cierto, pero en Japón es diferente.

En occidente debido al tipo de sistema económico que poseemos, y si concretamos España, existen multitud de ayudas para las personas que no tienen para pagar los gastos, y mientras puedan mantienen sus posesiones hasta que las circunstancias les llevé al embargo.

En Japón eso no existe, y la vida difiere mucho de la nuestra; quizás no por pensamiento, sino por el tipo de sistema económico establecido. La cosa está en los dirigentes del país y las leyes que lo regulan.

¿Cómo es la vida, a modo general, de un japonés?

Desde su nacimiento hasta que el bebé tiene edad para ir al colegio los padres están al cuidado del recién nacido, especialmente la madre que es quien por norma general se queda al cuidado de la casa.

Cuando el bebé empieza a ir al colegio, el niño pasa la mayor parte del tiempo allí. Comienzan con las clases obligatorias de educación y al terminar cada colegio dispone de una serie de actividades extras, pero que forman parte de la formación de los alumnos, que hacen que permanezcan más tiempo allí. Esto, claro está, es opcional. La idea de alargar el tiempo en la escuela, ya sea en el colegio o instituto, es por un lado mantener al niño en un sitio seguro en el que esté atendido y se distraiga mientras los padres trabajan, por otro lado son en las escuelas en donde se disponen de las instalaciones adecuadas para practicar todo tipo de actividad de ocio logrando así evitar que los niños salgan a jugar a la calle.

Cuando el niño alcanza la edad de estudiar en la universidad y logra el acceso, muchos de ellos tienen que irse a vivir fuera de sus casas porque las distancias son muy grandes y tienen que buscar piso de alquiler cerca de su universidad. Y es aquí donde comienza la “educación económica del trabajo” de los japoneses.

La familia que tenga un poder adquisitivo grande, su hijo o hija no tendrá problema, pero para una familia modesta los gastos universitarios y demás son muy grandes para afrontarlos. Así que el adolescente comienza su vida laboral que compagina con los estudios en la universidad. Estos chicos no hacen otra cosa que estudiar y trabajar, y más trabajar porque sin trabajo no pueden estudiar, ya que no tener trabajo implicaría no poder pagar los estudios ni el piso en donde se alojan. Como todos habrá quien más haga el vago y habrá quien menos jejejeje.

Cuando logran acabar sus estudios universitarios con éxito, buscan un nuevo trabajo acorde con sus estudios y es aquí donde comienza la verdadera independización.

Cuando el japonés joven, sin familia (hijos y pareja), comienza a trabajar en una empresa lo hace de forma temporal, es decir, su contrato comienza siendo temporal. Y diréis pues como todos. No, cuando me refiero comienza es que con suerte pueda llegar a ser fijo. Las empresas en Japón, contratan a la gente de forma temporal indefinida, y sólo a algunos les hacen fijos, ¿quiénes son éstos? Los que poseen una familia y son muy veteranos en la empresa. Allí nadie tiene un trabajo seguro, más del 80% de los trabajadores trabajan de forma temporal, y los que bajo estas condiciones consiguen formar una familia pueden, con mucha suerte, aspirar a tener un puesto fijo en la empresa. Hay muchos que aun así no lo consiguen.

Bueno, y os preguntaréis por el problema de esto. Pues bien, el problema está en que un japonés raramente tiene posesiones, es decir, en comparación con España, aquí una persona puede llegar a pagar una casa y ser de propiedad, un coche y llegar a ser de propiedad, etc. Allí eso es muy muy raro y difícil.

Todas las posesiones que pueda adquirir un japonés (compras importantes, como casa, coche, etc.) son un continuo pagar. Por eso, lo que mantiene a salvo que sigan teniendo casa y coche etc. es su nómina.

De manera más clara, un japonés trabaja tanto por mantener su trabajo que le permitirá seguir pagando las letras de la casa, a parte de contribuir a la economía de su país. En el momento en el que el japonés se quede sin trabajo la entidad competente le está embargando la casa con la excusa de que no tiene para afrontar el pago. Lo peor es que sin una residencia no puedes tener un trabajo, porque te exigen tener una residencia para poder ser contratado. Es aquí donde entran en juego los famosos hoteles cápsulas. Estos lugares te permiten un lugar donde descansar de manera adecuada (no en la calle) y digna (sin mendigar), y como tal pues posee una dirección residencial. Cuando hay gente que se queda sin trabajo, y por consiguiente sin casa, acuden a estos sitios y en la nueva búsqueda de trabajo marcan como lugar de residencia, en su currículo, la dirección de este hotel en el que se alojan. Hasta que recupere de nuevo su economía y pueda alquilar un nuevo piso.

Es por esto por lo que no se pueden permitir hacer una huelga parando la producción, porque no cobraría esos días de huelga por no trabajar, y al no trabajar arriesgan a perder la casa y por consiguiente todo. De la otra forma no dejan de trabajar y contribuyen a la pérdida económica de la empresa por excedentes, sin dejar de cobrar lo que les corresponde.

Así, un japonés no puede arriesgar a perder su trabajo, por ello trabajan para tener satisfecho al “jefe” con vistas a poder ser contratado de manera fija, o en su defecto y muy agradecido no ser despedido. En esos períodos largos de jornada laboral no pueden hacerse cargo de los hijos y por ello las escuelas ofrecen ese sistema de atención con actividades extras a lo largo del día, hasta la hora del regreso de los papis a casa.

Como veis, todo está concebido para hacer fuerte la economía del país, el gobierno ofrece soluciones a las familias para que puedan volcarse más en su trabajo en relación a las familias, y por otro lado la estructura del sistema hace que dependan tanto del trabajo que estén obligados doblemente (por necesidad y por orgullo) a trabajar.

Es por ello que muchas veces se montan unas fiestas del copón a la salida del trabajo, por el nivel de saturación y estrés que alcanzan. Y en contraste, pues sean atraídos por nosotros por la manera de vivir que tenemos tan ociosa, porque disponemos de más facilidades que ellos para afrontar el paro laboral.

En Japón hay poca pobreza pero también existe, sólo que este grupo reducido siguen manteniendo los mismos principios que cuando no eran pobres, y ellos mismo se marginal a zonas remotas y escondidas para no “manchar” la imagen de su país, intentando lograr salir del agujero contribuyendo con actividades menores (reciclaje, limpieza, etc.) que luego puedan ser recompensadas.

Por ello, vivir en Japón, para los occidentales significa trabajar. Y no se envidia la vida de allí, sólo sus costumbres, su cultura social, su dedicación y unidad.

David Padial Zamorano